Principios de ordenación urbana para una ciudad segura

La calidad y la seguridad del espacio público son fundamentales para las mujeres, la población de más edad y la infantil, tres grupos que realizan una gran cantidad de desplazamientos a pieen el espacio próximo y además utilizan intensivamente este espacio como lugar de ocio y de ejercicio. Sin embargo el entorno urbano está diseñado a partir de las necesidades de los hombres que trabajan y tienen buena salud. ¿Qué significa esto desde la óptica de la seguridad para las personas mayores, los niños y las mujeres? El peligro de atropello al atravesar una calle o carretera es 10 veces más alto para las personas mayores que para los adultos en plena forma física. Durante la infancia y la adolescencia el entorno físico es un aspecto fundamental para el desarrollo y la adquisición progresiva de autonomía personal (Sánchez de Madariaga, 2004). Un gran número de mujeres perciben inseguridad y sufren algún tipo de agresión en sus recorridos diarios, siendo muchas las mujeres que, por miedo, evitan ciertos lugares a ciertas horas (Román y Velázquez, 2008).

La seguridad es una condición básica de la calidad de vida porque es una necesidad corporal elemental. La seguridad incluye la protección frente a la agresión física, la posibilidad de reducir las amenazas psíquicas de otras personas y el mantenimiento de la privacidad. En materia de seguridad existen claras diferencias por sexo que se han hecho más evidentes en los últimos años, a medida que las mujeres han ido progresivamente integrándose a la vida pública y por tanto utilizando en mayor medida los espacios públicos. Según datos de Montreal, el 60% de las mujeres, frente al 17% de los hombres, tiene miedo a salir de noche en su propio barrio; el 90% de las mujeres, frente al 14% de los hombres, tiene miedo en los aparcamientos. Como subraya Sánchez de Madariaga (2004) estas cifras dan idea de la gravedad y extensión del problema.

El incremento de la inseguridad en las ciudades está relacionado con la transformación de las relaciones de vecindad en los barrios. La dispersión de las actividades en el territorio y la segregación de espacios urbanos han reducido la intensidad de uso del espacio público, que antes acogía un número mayor de desplazamientos a pie y de actividades no relacionadas con el transporte. Los nuevos enfoques que quieren superar este modelo analizan las relaciones existentes entre formas urbanas y seguridad. En este ámbito, las experiencias prácticas de Toronto y Montreal son las más relevantes a nivel mundial, y como tal han sido reconocidas por el programa Habitat de Naciones Unidas (Sánchez de Madariaga, 2004).

Estas experiencias vinculan el enfoque de prevención del crimen a través de la ordenación urbana con el conocimiento de las mujeres en materia de seguridad. El enfoque de prevención del crimen se basa en la idea de ‘territorialidad’: se trata de reducir el crimen a través de la ordenación urbana y del control social informal de las personas residentes sobre su entorno urbano. El segundo elemento de las experiencias de Toronto y Montreal es el de integrar la experiencia de las mujeres como expertas en seguridad, a través de su participación a la hora de identificar los lugares inseguros y las causas de la inseguridad.

A través de esta experiencia, el Ayuntamiento de Montreal desarrolló seis principios de ordenación urbana para una ciudad segura, identificando los campos sobre los que intervenir, tanto en nuevas ordenaciones como en mejoras de espacios existentes:

  1. Saber dónde se está y a dónde se va (señalización)
    1. Clara, precisa y colocada estratégicamente
    2. Uniforme a pesar de las diferencias entre lugares
    3. Visible, sin destrozar el paisaje
  2. Ver y ser visto (visibilidad)
    1. Iluminación
    2. Escondrijos
    3. Campo de visión amplio que permita la mayor permeabilidad visual posible
    4. Evitar los desplazamientos previsibles, es decir, los que no ofrecen vías alternativas cuando ya se está en ellos, como puentes, escaleras, túneles o ascensores
  3. Oír y se oído (afluencia)
    1. Facilitar la mezcla de usos para asegurar la concurrencia de personas
    2. Procurar que los usos cubran el mayor espectro posible de franja horaria
  4. Poder escaparse y obtener socorro (vigilancia formal y acceso a ayuda)
    1. – Señalización y vigilancia formal directa o indirecta
    2. – Comercios y servicios como lugares de vigilancia informal a las horas en que están abiertos
  5. Vivir en un entorno acogedor y limpio (ordenación y mantenimiento de los lugares)
    1. – Formas de espacio que favorezcan la apropiación y transformación de las personas residentes
    2. – Distinción clara entre el espacio público y el espacio privado
    3. – Asegurar el mantenimiento
  6. Actuar todas las personas juntas (participación de la comunidad)
    1. – Movilización de la población y de entidades locales, públicas y privadas
    2. – Apropiación de los lugares públicos por la población

En muchas ciudades españolas se han comenzado a dibujar mapas de los puntos negros o zonas peligrosas de la ciudad. A veces desde la perspectiva del visitante o turista, a veces desde el punto de vista de los niños y en otros casos desde la visión de las mujeres. Román y Velázquez (2008) destacan la experiencia de la ciudad de San Sebastián, donde el Foro de las Mujeres y la Ciudad ha trabajando en la búsqueda de alternativas a espacios que producen sensación de miedo como el pasadizo de Eguía; las mujeres vecinales de Bilbao que lucharon por alternativas a la pasarela del Arenal; o la experiencia de ‘Mujeres a la Calle’ en Vigo, que retomó las iniciativas feministas de los años 70 reivindicando la noche como espacio para la mujer.

Seguir leyendo más contenidos de la “Guía práctica para la inclusión de la perspectiva de género en los contenidos de la investigación”.

Deja un comentario