Life from the edge. Gehl Architects. Copenhagen.

Camilla van Deurs, de Gehl Architects, nos habla de los espacios públicos como aglutinantes de la sociedad. Resumen no literal de lo que dice en el video: “El ser humano no se siente cómodo en un gran espacio, se siente vulnerable; la vida surge en los límites,  donde los humanos nos observamos los unos a los otros. Así creamos nuevos vínculos, poco a poco, desde el borde del espacio público que nos hace sentir seguros. La arquitectura no nos fuerza a hacer cosas. La arquitectura nos ofrece posibilidades y nosotros decidimos estar o no en ese lugar. Podemos invitar a la gente a formar parte del espacio público haciendo estos lugares agradables, placenteros.”

Gehl Architects taldeko Camilla van Deurs-ek video honetan espazio publikoak gizartea uztartzeko duen indarrari buruz hitzegiten digu. Laburpen gisa zera dio: “Gizakia ez da eroso sentitzen espazio zabalean, ahul sentitzen da; bizitza ertzetan sortzen da, gizakiok elkar behatzen dugun leku horietan. Horrela sortzen ditugu loturak, piskanaka, seguru senti arazten gaituen ertzetik. Arkitekturak ez gaitu ezer egitera behartzen. Aukerak eskaintzen dizkigu eta guk erabakitzen dugu leku horretan egon ala ez. Jendea espazio publikoaren parte izatera gonbida dezakegu espazio horiek atseginak eginez.”

Making life visible. Gehl Architects. Copenhagen.

Jan Gehl, fundador de Gehl Architects, nos habla de cómo la observación sistemática de las personas en la ciudad puede ayudarnos en el diseño de la ciudad que tome en cuenta nuestras necesidades y enriquezca nuestros sentidos. Estamos muy de acuerdo con su tesis.

Gehl Architects estudioaren sortzaile den Jan Gehl-ek, pertsonak hirian behatzeak hiriaren diseinuan nola lagun gaitzaken kontatzen digu, hiriek gure beharrak kontutan izan eta gure zentzuak aberas ditzaten. Ados gaude, bai, esandakoarekin.

Urbanismo con Perspectiva de Género. Inés Sánchez de Madariaga

Publicado por la Junta de Andalucía, el libro “Urbanismo con Perspectiva de Género” de Inés Sánchez de Madariaga nos abre los ojos a una realidad que ya intuíamos. Imprescindible. Os dejamos un extracto del texto.

En lugar de espacios monofuncionales que maximicen los requisitos espaciales de cada función, a modo de parques temáticos, la vida cotidiana exige ciudades verdaderas, complejas, diversas, donde los espacios sirvan para más de una cosa, aunque no satisfagan de manera óptima los requisitos de esa función, donde sean posibles la sorpresa, los encuentros casuales y lo inesperado. Además de grandes infraestructuras viarias que sólo sirven para trasladarse, la vida cotidiana exige espacios públicos seguros, flexibles y de uso múltiple y frecuente, donde la jerarquía de la red rodada se subordine a la jerarquía del espacio público, integrando a toda la población. En lugar de grandes equipamientos inaccesibles y susceptibles de ser inaugurados, la vida cotidiana exige muchos pequeños equipamientos de proximidad, diversos, flexibles, accesibles y asequibles.

LIBRO URBANISMO

Casa de Cultura y Ejercicio. Carrera de Obstáculos.

Interesante iniciativa desarrollada por el Rosan Bosch Studio en Frederiksberg (Dinamarca) junto con Hausenberg en 2009.


Con el objetivo de crear un vínculo social con la Casa de Cultura y Ejercicio, para un posterior concurso de proyectos, se organizó una creativa y original carrera de relevos y obstáculos (Strawberri Relay Race KU.BE). La Casa de Cultura y Ejercicio reúne a la salud, el movimiento y la cultura en distintas zonas, y su objetivo es llegar a todo el mundo, independientemente de su edad o condición social, inspirando así un estilo de vida activo y saludable.

¿Qué aporta la perspectiva de género al urbanismo? (Muxí, Casanovas, Ciocoletto, Fonseca, Gutiérrez)

¿Qué significa un urbanismo con perspectiva de género? ¿Cómo hacer planificación urbanística y proyectos urbanos que tengan en cuenta la perspectivade género? Habitar es mucho más que la sumatoria de la residencia, el trabajo, las tareas del hogar, el ocio, el transporte, la educación, la cultura, los deportes y la sanidad. Habitar es poder desarrollar las diferentes esferas de la vida enigualdad de oportunidades, con intensidad e integridad. Por ello consideramos necesario pensar y, sobre todo, repensar las ciudades y los barrios guiados por esta idea. Poner en primer plano la vida y las necesidades de las personas es una tarea compleja, no exenta de complicaciones. Por lo tanto, ¿qué significa repensar un barrio con perspectiva de género? ¿Significa trabajarla sólo para las mujeres, es decir, en oposición a la de lo shombres? No; se trata de pensar un barrio y una ciudad con todos sus detalles y a través de todas las escalas desde la complejidad y la diversidad, sin dar prioridades exclusivas a consideraciones económicas alejadas de las personas. Se trata de construir, o reconstruir, barrios que no perpetúen las diferencias y las desigualdades de género, clase, raza o edad. Se trata de ponerse las gafas lila y volver a estudiar, analizar y registrar la realidad para conseguir entornos urbanos más adecuados. El objetivo del urbanismo debería ser poder disfrutar de ciudades inclusivas que tengan en cuenta la diversidad real que caracteriza a los espacios urbanos, y así poder hacer posible que el derecho a la ciudad sea un derecho humano para todas las personas.

(…)

El cambio fundamental que propone la aplicación de la perspectiva de género en la construcción de las ciudades y los pueblos es priorizar los seres humanos concretos y sus necesidades en todos los niveles de planeamiento, teniendo como objetivo principal hacer barrios y ciudades con redes adecuadas para la vida cotidiana de todas las personas que conviven en un territorio.

Sigue leyendo (pág. 105 y siguientes).

Principios de ordenación urbana para una ciudad segura

La calidad y la seguridad del espacio público son fundamentales para las mujeres, la población de más edad y la infantil, tres grupos que realizan una gran cantidad de desplazamientos a pieen el espacio próximo y además utilizan intensivamente este espacio como lugar de ocio y de ejercicio. Sin embargo el entorno urbano está diseñado a partir de las necesidades de los hombres que trabajan y tienen buena salud. ¿Qué significa esto desde la óptica de la seguridad para las personas mayores, los niños y las mujeres? El peligro de atropello al atravesar una calle o carretera es 10 veces más alto para las personas mayores que para los adultos en plena forma física. Durante la infancia y la adolescencia el entorno físico es un aspecto fundamental para el desarrollo y la adquisición progresiva de autonomía personal (Sánchez de Madariaga, 2004). Un gran número de mujeres perciben inseguridad y sufren algún tipo de agresión en sus recorridos diarios, siendo muchas las mujeres que, por miedo, evitan ciertos lugares a ciertas horas (Román y Velázquez, 2008).

La seguridad es una condición básica de la calidad de vida porque es una necesidad corporal elemental. La seguridad incluye la protección frente a la agresión física, la posibilidad de reducir las amenazas psíquicas de otras personas y el mantenimiento de la privacidad. En materia de seguridad existen claras diferencias por sexo que se han hecho más evidentes en los últimos años, a medida que las mujeres han ido progresivamente integrándose a la vida pública y por tanto utilizando en mayor medida los espacios públicos. Según datos de Montreal, el 60% de las mujeres, frente al 17% de los hombres, tiene miedo a salir de noche en su propio barrio; el 90% de las mujeres, frente al 14% de los hombres, tiene miedo en los aparcamientos. Como subraya Sánchez de Madariaga (2004) estas cifras dan idea de la gravedad y extensión del problema.

El incremento de la inseguridad en las ciudades está relacionado con la transformación de las relaciones de vecindad en los barrios. La dispersión de las actividades en el territorio y la segregación de espacios urbanos han reducido la intensidad de uso del espacio público, que antes acogía un número mayor de desplazamientos a pie y de actividades no relacionadas con el transporte. Los nuevos enfoques que quieren superar este modelo analizan las relaciones existentes entre formas urbanas y seguridad. En este ámbito, las experiencias prácticas de Toronto y Montreal son las más relevantes a nivel mundial, y como tal han sido reconocidas por el programa Habitat de Naciones Unidas (Sánchez de Madariaga, 2004).

Estas experiencias vinculan el enfoque de prevención del crimen a través de la ordenación urbana con el conocimiento de las mujeres en materia de seguridad. El enfoque de prevención del crimen se basa en la idea de ‘territorialidad’: se trata de reducir el crimen a través de la ordenación urbana y del control social informal de las personas residentes sobre su entorno urbano. El segundo elemento de las experiencias de Toronto y Montreal es el de integrar la experiencia de las mujeres como expertas en seguridad, a través de su participación a la hora de identificar los lugares inseguros y las causas de la inseguridad.

A través de esta experiencia, el Ayuntamiento de Montreal desarrolló seis principios de ordenación urbana para una ciudad segura, identificando los campos sobre los que intervenir, tanto en nuevas ordenaciones como en mejoras de espacios existentes:

  1. Saber dónde se está y a dónde se va (señalización)
    1. Clara, precisa y colocada estratégicamente
    2. Uniforme a pesar de las diferencias entre lugares
    3. Visible, sin destrozar el paisaje
  2. Ver y ser visto (visibilidad)
    1. Iluminación
    2. Escondrijos
    3. Campo de visión amplio que permita la mayor permeabilidad visual posible
    4. Evitar los desplazamientos previsibles, es decir, los que no ofrecen vías alternativas cuando ya se está en ellos, como puentes, escaleras, túneles o ascensores
  3. Oír y se oído (afluencia)
    1. Facilitar la mezcla de usos para asegurar la concurrencia de personas
    2. Procurar que los usos cubran el mayor espectro posible de franja horaria
  4. Poder escaparse y obtener socorro (vigilancia formal y acceso a ayuda)
    1. – Señalización y vigilancia formal directa o indirecta
    2. – Comercios y servicios como lugares de vigilancia informal a las horas en que están abiertos
  5. Vivir en un entorno acogedor y limpio (ordenación y mantenimiento de los lugares)
    1. – Formas de espacio que favorezcan la apropiación y transformación de las personas residentes
    2. – Distinción clara entre el espacio público y el espacio privado
    3. – Asegurar el mantenimiento
  6. Actuar todas las personas juntas (participación de la comunidad)
    1. – Movilización de la población y de entidades locales, públicas y privadas
    2. – Apropiación de los lugares públicos por la población

En muchas ciudades españolas se han comenzado a dibujar mapas de los puntos negros o zonas peligrosas de la ciudad. A veces desde la perspectiva del visitante o turista, a veces desde el punto de vista de los niños y en otros casos desde la visión de las mujeres. Román y Velázquez (2008) destacan la experiencia de la ciudad de San Sebastián, donde el Foro de las Mujeres y la Ciudad ha trabajando en la búsqueda de alternativas a espacios que producen sensación de miedo como el pasadizo de Eguía; las mujeres vecinales de Bilbao que lucharon por alternativas a la pasarela del Arenal; o la experiencia de ‘Mujeres a la Calle’ en Vigo, que retomó las iniciativas feministas de los años 70 reivindicando la noche como espacio para la mujer.

Seguir leyendo más contenidos de la “Guía práctica para la inclusión de la perspectiva de género en los contenidos de la investigación”.

Extractos del libro “Muerte y vida de las grandes ciudades” (Jane Jacobs)

Contra el urbanismo

Este libro es un ataque contra las teorías más usuales sobre urbanización y reconstrucción de ciudades. También es, y muy principalmente, un intento de presentación de unos nuevos principios sobre urbanización y reconstrucción de ciudades, diferentes y aun opuestos a los que se vienen enseñando en todas las escuelas de arquitectura o se exponen en los suplementos dominicales de los periódicos y las revistas femeninas. Mi ataque no se basa en sutilezas sobre los diferentes métodos de edificación ni en distinciones quisquillosas sobre las modas actuales o en proyecto. Es, más bien, un ataque contra los principios y objetivos o fines que modelan la moderna y ortodoxa planeación y reordenación de las ciudades.

Al exponer unos principios diferentes, me referiré esencialmente a cosas y temas perfectamente comunes y ordinarios. Por ejemplo, los tipos de calle seguros y los tipos de calle inseguros; la razón de que algunos parques urbanos sean tan maravillosos y otros vicetrampas y hasta trampas mortales; por qué ciertos barrios bajos siguen siendo los infectos barrios bajos de siempre y otros han conseguido regenerarse venciendo resistencias oficiales y hasta financieras; por qué se desplazan los “centros de ciudad” y las áreas comerciales; qué es una vecindad auténtica y cómo se puede levantar una verdadera vecindad en las grandes ciudades. En una palabra, me referiré siempre a cosas reales, a ciudades reales y a la vida real de las ciudades, pues sólo así conoceremos los principios de urbanización y prácticas de reordenación susceptibles de promover una efectiva promoción social y económica en las ciudades, y también aquellos otros principios y prácticas que alejarán o apagarán ese horizonte de promoción.

Reflexiones sobre las calles.

Las calles de las ciudades sirven para muchas cosas aparte de soportar el paso de vehículos; y las aceras de las ciudades -parte de las calles destinada a los peatones- tienen muchos otros usos además de soportar el caminar de los peatones. Estos usos están en estrecha relación con la circulación, pero no se identifican con ésta, y en rigor son por lo menos tan importantes como la circulación para el buen funcionamiento de las ciudades.

En sí misma, una acera urbana no es nada. Es una abstracción. Sólo tiene significado en relación con los edificios y otros servicios anejos a ella o anejos a otras aceras próximas. Lo mismo podríamos decir de las calles, en el sentido de que sirven para algo más que para soportar el tráfico rodado. Las calles y sus aceras son los principales lugares públicos de una ciudad, sus órganos más vitales. ¿Qué es lo primero que nos viene a la mente al pensar en una ciudad? Sus calles. Cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto triste, toda la ciudad parece triste.

Y más todavía -y con esto topamos con el primer problema-, si las calles de una ciudad están a salvo de la barbarie y el temor, la ciudad está más o menos tolerablemente a salvo de la barbarie y el temor. Cuando la gente dice que una ciudad o que una parte de la misma es peligrosa o una jungla, quiere decir principalmente que no se siente segura en sus aceras.

Pero las aceras y quienes las usan no son beneficiarios pasivos de seguridad o víctimas sin esperanza de un peligro. Las aceras (la utilidad que prestan) y sus usuarios son partícipes activos en el drama de la civilización contra la barbarie que se desarrolla en las ciudades. Mantener la seguridad de la ciudad es tarea principal de las calles y aceras de una ciudad.

Es una tarea totalmente diferente a los servicios que están llamadas a prestar las aceras y calles de las ciudades pequeñas o de los suburbios residenciales. Las grandes capitales no son sólo ciudades muy grandes; tampoco son arrabales muy densos. Se diferencian de las ciudades y de los arrabales en aspectos esenciales, uno de los cuales es que las ciudades están, por definición, llenas de personas extrañas. Todo el mundo sabe que en las grandes capitales hay más personas extrañas que conocidas. Y extraños no son solamente quienes van a los mismos lugares públicos, sino más aún los que viven en las otras viviendas del mismo piso. Incluso las personas que viven muy próximas entre sí se desconocen, y así tiene que ser en razón de la gran cantidad de gente que vive dentro de reducidos límites geográficos.

La condición indispensable para que podamos hablar de un distrito urbano como es debido es que cualquier persona pueda sentirse personalmente segura en la calle en medio de todos esos desconocidos. Es absolutamente necesario que no tenga inmediatamente la impresión de que está amenazada por ellos. Un distrito urbano que fracase en este punto irá mal en todos los demás y será una fuente inagotable de dificultades para sí mismo y para toda la ciudad.

Hoy, la barbarie se ha apoderado de muchas calles, o al menos así lo supone y teme el ciudadano corriente, que en definitiva viene a ser lo mismo. “Vivo en una área residencial tranquila y muy bonita”, dice un amigo mío que anda buscando afanosamente otro sitio donde vivir. “Lo único molesto por la noche es algún que otro grito ocasional de alguien a quien están robando”. En las calles de una capital no suelen tener lugar incidentes violentos que provoquen el miedo de los ciudadanos en general. Pero en caso contrario, éstos prefieren no utilizarlas en lo posible, lo cual las hace aún más inseguras.

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La reconstrucción del espacio cotidiano (Marta Román Rivas)

La ciudad donde vivo parece una vasija desecha donde sus piezas se han desperdigado, cada vez todo está más lejos, desconectado, cada vez cuesta más llegar. La metrópoli actual se va expandiendo en el espacio circundante: los grandes centros de servicios y equipamientos son como piezas desperdigadas donde cada vez es más necesario para acceder a las mismas los modos de transporte motorizado. Las urbanizaciones, los barrios periféricos, toda la ciudad se va esparciendo. Este modelo urbano que no se pone límites ni al crecimiento en el espacio circundante ni a la dependencia de transporte motorizado, funciona como una bomba expansiva y las piezas de este recipiente se van alejando más y más.

El interior de las ciudades también se va resquebrajando: se permite la tercialización del centro, la desestructuración de los barrios, el dominio del automóvil frente al ciudadano. La calle se vuelve un lugar desagradable por los ruidos y humos, un lugar donde sólo se puede transitar deprisa.

Así, el proceso de destrucción, de ruptura, de dispersión se retroalimenta porque la población es expulsada del interior de la ciudad por diversos motivos -precios muy altos de vivienda, degradación y baja calidad ambiental- y se van a vivir a la periferia y vienen sólo a trabajar al interior de la ciudad y se acrecienta la necesidad de transporte y se va acrecentando la degradación de la calle que tiene que acoger los coches de esta población que se fue a vivir lejos. Y, además, la ciudad se va deshumanizando por la pérdida de vida vecinal y la calle se vuelve peligrosa.

La necesidad de reconstruir el espacio cotidiano surge porque este modelo urbano, esta ciudad a trozos, este espacio desperdigado no funciona, es como una máquina rota. Una máquina ineficaz en la que se invierte cada vez más tiempo y energía y no resuelve o facilita las necesidades básicas de sus habitantes. Necesidades de accesibilidad, sociabilidad y, en definitiva, lo que se puede considerar calidad de vida.

Y es que la ciudad si funciona mal para todos, funciona peor para las mujeres. Es una ciudad creada según las necesidades percibidas por los hombres, donde las mujeres han participado poco en la construcción de este espacio común y se ha conseguido una ciudad pensada para moverse y para trabajar, no para vivir. Se han olvidado o relegado a un segundo plano las necesidades de todos aquellos que no realizan actividades consideradas como “productivas”.

Para la mujer las grietas de esta ciudad son más insalvables. A algunas se les ha ido resquebrajado su entorno y van quedando aisladas en su pieza, en su vivienda, en un espacio que se va reduciendo, cada vez con más dificultades para poder satisfacer en un radio próximo sus necesidades, cada vez con mayores problemas para moverse. En esta situación se encuentra la mayor parte de las amas de casa, un colectivo considerado dentro del grupo de los “no activos”, cuyo trabajo está socialmente minusvalorado y por lo tanto, cuyas necesidades espaciales ni se consideran.

Las amas de casa, acostumbradas a ceder su tiempo también han cedido su espacio. Se han ido quedando solas en sus viviendas super-equipadas y no tienen lugares para el encuentro social. Los grandes bloques de viviendas uniformes e incluso las nuevas formas de vivienda adosada, favorecen su aislamiento. Las casas se cierran hacia dentro ya que la calle es un lugar desagradable y cada vez más peligroso, cada vez hay menos relaciones de vecindad, menos relaciones de barrio, la calle llena de ruidos, de humos, la calle antes lugar de encuentro y de relación social, espacio controlado por los vecino, ahora es un lugar de nadie, sólo para transitar a prisa. Así la casa se blinda, se aisla de su espacio exterior y la reina del hogar queda como princesa en el torreón.

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¿Cómo sería una ciudad no sexista? Especulaciones sobre vivienda, diseño urbano y empleo (Dolores Hayden)

La frase “el lugar de la mujer es el hogar” ha sido uno de los principios más importantes del diseño arquitectónico y del planeamiento urbano en los Estados Unidos durante el último siglo. Un principio más bien implícito que explícito para las profesiones relacionadas con el diseño, conservadoras y dominantemente masculinas, que no es posible encontrar escrito en mayúsculas en los libros de texto dedicados a la utilización del suelo. Esta idea ha generado mucho menos debate que los demás principios organizadores de la ciudad americana contemporánea, en una era de monopolio capitalista, lo que incluye la devastadora presión del desarrollo del suelo privado, la dependencia fetichista de millones de automóviles privados, y el derroche de energía de forma inútil.
Sin embargo, las mujeres han rechazado este dogma y han ido entrando en el mercado de trabajo remunerado en un número creciente. Las viviendas, los barrios y las ciudades diseñadas para mujeres recluidas en su hogar limitan a las mujeres física, social y económicamente. Una aguda frustración aparece cuando la mujer se opone a estas limitaciones para dedicar toda o parte de la jornada laboral a trabajar por un salario.

Afirmo que el único remedio para esta situación es desarrollar un nuevo paradigma de casa, de barrio y de ciudad, para empezar a definir el diseño físico, social y económico de los asentamientos humanos que contribuyan a apoyar, más que limitar, las actividades de las mujeres trabajadoras y de sus familias. Es esencial reconocer tales necesidades para comenzar tanto la rehabilitación del actual parque inmobiliario, como la construcción de nuevas viviendas que satisfagan las necesidades de una nueva y creciente mayoría de mujeres americanas trabajadoras y de sus familias.

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Reinventando el espacio (Begoña Pernas)

El espacio parece no suscitar muchas preguntas y menos preguntas políticas. Nos es dado como lugar de la objetividad, un escenario, un escenario para la acción, indiferente al sexo de los individuos que en él se mueven; pero es el escenario el que determina las acciones posibles, las acciones legítimas.

Como toda construcción cultural está definido y atravesado por líneas de poder que lo crean y lo interpretan. Zonas abiertas o prohibidas, libertad de movimientos o confinamiento, un entorno y sus usos; todo ello es percibido y empleado de forma diferente por hombres y mujeres.

Pero partiendo de la supuesta neutralidad espacial de una sociedad secularizada y funcional, la ciudad se construye ignorando el comportamiento o las necesidades específicas de las mujeres. La ciudad y su configuración proyecta un tipo de ciudadano, independiente, motorizado, con trabajo. Que necesita, por lo tanto, supermercados abiertos 24 horas, vías de acceso rápidas, una ciudad funcional para un tipo de vida determinado. Los habitantes de la ciudad, atrapados por el espacio urbano, comienzan a comportarse como ese ciudadano modelo, con mayor o menor acierto, y éste se esfuerza, destruyendo las bases materiales e imaginarias de otros posibles comportamientos. Así las metáforas acaban siendo reales y, sin saber cómo, la ciudad se ha transformado y no hay retorno posible.

El hecho de que la mayor parte de las mujeres tengan una experiencia y unas necesidades muy diferentes es ignorado en nombre de una igualdad presupuesta y, de esta forma, se cierra el círculo de la inexistencia femenina.

Dualidad público-privado

Sin embargo, la relación de la mujer con la ciudad no ha sido una relación neutra, sino cargada de significado, y, sobre todo, se ha expresado en una dicotomía que ha dominado el mundo urbano desde el triunfo del orden burgués. Se trata de la dualidad público-privado, un tándem muy complejo e íntimamente relacionado con la historia de las mujeres de los últimos dos siglos. El hecho de que se trate de un orden en crisis no resta valor a su análisis, sino que permite situar a las mujeres como sujeto de la ciudad precisamente cuando ésta se desmorona.

¿Qué significado tiene la separación de lo privado y lo público y su desigual distribución? Desde un punto de vista político, la ruptura en dos esferas permite la autonomía individual frente a la comunidad. El individuo deja de estar unido por vínculos económicos, familiares, jurídicos, a la comunidad en la que nace, y adquiere un estatus propio desde el que desarrollar sus posibilidades vitales. Tiene obligaciones para con la sociedad, pero reguladas por su condición de ciudadano, es decir, por la relación con el Estado.

Esta mediación entre individuo y sociedad a través del Estado hace que aquél participe en la determinación de esas obligaciones, mediante el sufragio, y que éstas tengan un carácter legal y no natural. El ciudadano tiene la obligación de hacer la guerra y pagar impuestos, pero la comunidad no puede obligarle a trabajar gratuitamente, a entregar su propiedad, a elegir una u otra profesión, a casarse contra su voluntad, etc.

Pero en el corazón de esa imagen existe una contradicción insalvable, una nueva escisión entre lo público y lo privado que tiene un sentido muy diferente: la que separa el mercado y la familia, la producción y la reproducción.

La existencia de un mercado que rige las relaciones económicas y el intercambio se detiene en el umbral de la casa, donde las normas que gobiernan la existencia no son legales, sino leyes de la naturaleza o vínculos morales. La familia se constituye como el último reducto contra la invasión de la racionalidad económica y la igualdad política, un mundo que debe ser preservado fuera del contrato social.

La sociedad burguesa, desde el siglo XIX, diferencia el mundo profesional, exterior, a través del cual el individuo interviene en lo social: producir y participar. Y el mundo interior, de la reproducción, en que se cumplen las obligaciones con la especie y con la comunidad: tener hijos, mantenerlos, cubrir las necesidades biológicas, cuidar de los ancianos, enterrar a los muertos, ocuparse de todo aquello que el mercado no puede realizar al tratarse de actividades que no son divisibles, cuantificables ni rentables.

La ciudad es el espacio en que se hace posible diferenciar esas esferas que en el mundo rural están confundidas. Es un espacio de producción que responde a las necesidades del capitalismo mercantil e industrial. Es, por definición, el espacio de la política: la política como esfera autónoma, separada de la fuerza y de la riqueza, surge en la ciudad, y su metáfora es la ciudad. La ciudad es el lugar del pacto entre iguales, donde la autonomía individual tanto económica como política es posible y el hombre escapa al yugo de la comunidad.

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